Dr. Knoche

 

Dr. Knoche is one of the most enigmatic and mysterious characters from the mid-nineteenth century Venezuela. Although it is far from fiction, its story is framed as a horror legend due to its roots in the macabre, that is not without great similarity with Mary Shelley's gothic novel, where issues of scientific morality, the creation and destruction of life, and the challenge to God are alluded. Just as Dr. Frankenstein would go on to be a highly influential figure in the popular genre of classic horror, the equally eccentric and contemporary Dr. Knoche would become a legend for his sinister experiments with death, and although he did not intend to steal the fire of life from the gods, he wandered near the borders of modern prometheus.

 

Gottfried August Knoche, whose surname in German is pronounced "canoje" and means "bones", was born in Halberstadt, Kingdom of Westphalia, present-day German territory, on March 17, 1813. In 1837 he graduated as a surgeon from Albert Ludwig University de Freiburg presenting his graduate thesis De Lacte Mulierum and then worked for the next three years in the hospital of the same University.

 

In 1840 he arrived to the port city of La Guaira in Venezuela, to serve the large German colony residing on the central coast. Once settled, he brings his wife, and two cousins ​​known as the Weissmann sisters who would later become nurses and his personal assistants. In 1845 he received the revalidation of his title, by the Central University of Venezuela. He helped  with the reestablishment of the Hospital San Juan de Dios de la Guaira, to later be appointed director of the same institution between 1854 and 1856. During this time he earned the fame of a charitable man, when fighting with the cholera epidemic that devastated the region during that time, he attended the neediest patients without charging them.

 

Lover of nature and attracted by the beauty of the coastal mountain range, today known as El Ávila, Dr Kanoche used to make frequent excursions on horseback through the extensive mountainous jungle, making ascents to a small town located at 1870 meters above sea level called San José of Galipán. It must have been the mild weather or the incredible view of the Caribbean coast that gave rise to the idea of ​​acquiring one of the small farms in the surroundings, which since colonial times were used to grow fruits and coffee. Thus, Knoche became the owner of the beautiful Hacienda Buena Vista.

 

On the pretext that the hot coastal climate did not suit his wife, he decided to build a house in the new Hacienda, in the typical style of the Black Forest or Schwarzwald region of Germany. Adapted to hillside locations, these are externally characterized by an half-hipped roof that descends to floor height. The construction of the house was not an easy task since they only had mules to carry the materials from La Guaira, but at the end, it would become their residence and macabre laboratory. His wife would later go back to Germany never to return.

 

Dr. Knoche's fascination with preventing the decomposition of bodies began with the outbreak of a civil war in Venezuela in 1859 known as La Guerra Federal, during which the San Juan de Dios Hospital was filled with the wounded, but due to the limitations of the medicine of the time, few survived, filling the hospital morgue with numerous corpses of soldiers who were not claimed by their relatives. Thus, Knoche seizes the opportunity to steal these fresh bodies from the morgue. In order to avoid raising suspicions in the inhabitants of Galipán, he waited a long time after sunset, and hidden by the dark veil of the night he would carry the corpses on the back of a mule to his laboratory in Buena Vista.

 

He soon developed a liquid formula that, when injected into the circulatory system through the jugular, could preserve fresh corpses almost perfectly without the need to remove their organs, which was a huge advance, since this form of preservation overshadow any embalming practice known to date, surpassing even that of ancient Egypt. This is when the sinister practice of displaying his mummies begins. One of them was the federalist soldier José Pérez, whose unclaimed body, preserved, uniformed and armed with his rifle, would guard the entrance of the Buena Vista house to inspire respect from occasional travelers. It is said that even the beloved family dog would be treated with the embalming formula upon death, and would also be displayed in the house where she would continue to accompany and protect the family.

 

Time passed by, and aware of his inexorable encounter with his own death and that of his loved ones, he built a mausoleum within the same Hacienda. Six sarcophagi and six marble tombstones were made for each of the members of his family, which little by little took their places as they passed away. His brother Wilhelm Knoche, his daughter Anna Knoche, his son-in-law Heinrich Muller, and Josephine Weissmann were already occupying their sarcophagi in a perfect state of mummification, when in 1901, preventing the arrival of his own death before that of Amalia Weissmann's, Knoche prepared his own dose of the embalming serum.

 

He left instructions to Amalia to administer him the formula and place his mummified body to rest in his designated sarcophagus, accompanied by his relatives. Amalia Weissmann will live until 1926, taking the secret of the prodigious embalming formula to her grave.

 

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Dr. Knoche

 

El Dr. Knoche es uno de los personajes más enigmáticos y misteriosos de la Venezuela de mediados del siglo XIX. Aunque está lejos de la ficción, su historia es enmarcada como una leyenda de terror debido a su raíz en lo macabro, que no deja de tener una gran similitud con la novela gótica de Mary Shelley donde se aluden a temas sobre la moral científica, la creación y destrucción de la vida, y el desafío hacia Dios. Así como el Dr. Frankenstein pasaría a ser una figura de gran influencia dentro del horror clásico popular, el igualmente excéntrico y contemporáneo Dr. Knoche se convertiría en leyenda por sus siniestros experimentos con la muerte, y aunque estos no pretendieron robar el fuego de la vida a los dioses, si vagarian cerca del los lindes del moderno prometeo.

 

Gottfried August Knoche, cuyo apellido en alemán se pronuncia “canoje” y significa “huesos”, nació en Halberstadt, Reino de Westfalia, actual territorio Alemán, el 17 de marzo de 1813. En 1837 se graduó como médico cirujano en la Universidad Albert Ludwig de Freiburg presentando su tesis de grado De Lacte Mulierum y luego trabajó durante los siguientes tres años en el hospital de la misma Universidad. 

 

En 1840 llega a la ciudad portuaria de La Guaira en Venezuela, para atender a la numerosa colonia alemana residente en el litoral central. Una vez asentado, trae a su esposa, y dos primas conocidas como las hermanas Weissmann que más adelante se convertirían en enfermeras y sus asistentes personales. En 1845 recibe la revalidación de su título, por parte de la Universidad Central de Venezuela. Ayuda a restablecer el Hospital San Juan de Dios de la Guaira, para luego ser nombrado director del mismo entre 1854 y 1856. Durante este tiempo se gana la fama de persona caritativa, cuando luchando con la epidemia de cólera que asoló la región durante esa época, atendía sin cobrar a los pacientes más necesitados.

 

Amante de la naturaleza y atraído por la belleza de la cordillera de la costa, hoy conocida como El Ávila, el Dr Kanoche solía realizar frecuentes excursiones a caballo por la extensa jungla montañosa, haciendo ascensos hasta un pequeño poblado ubicado a 1870 msnm llamado San José de Galipán. Debió ser el clima templado o la increíble vista de la costa caribeña lo que le originó la idea de adquirir alguna de las pequeñas fincas de los alrededores, que desde tiempos de la colonia estaban destinadas al cultivo de frutas y café. Así, Knoche se convirtió en el dueño de la hermosa Hacienda Buena Vista.

 

Con el pretexto de que el clima caliente de la costa no le sentaba bien a su esposa, decide construir una vivienda, en la nueva Hacienda, al estilo típico de la región de Selva Negra o Schwarzwald en Alemania. Adaptadas a ubicaciones en laderas, estas se caracterizan externamente por un techo alargado a dos aguas que descienden hasta la altura del piso. La construcción de la casa no fue tarea fácil ya que solo se contaba con mulas para subir los materiales desde La Guaira, pero al finalizar, ésta se convertiría en su residencia y macabro laboratorio. Su esposa luego regresaría a Alemania para no volver más.

 

La fascinación del Dr. Knoche por evitar el proceso descomposición de los cuerpos comenzó con el estallido de una guerra civil en Venezuela en 1859 conocida como La Guerra Federal, durante la cual el Hospital San Juan de Dios se colmó de heridos,  pero debido a las limitaciones de la medicina de la época, pocos sobrevivían, colmando a la morgue del hospital con numerosos cadáveres de soldados que no eran reclamados por sus familiares. Así, Knoche aprovecha la oportunidad para robar estos cuerpos frescos de la morgue. Con el motivo de evitar levantar sospechas en los habitantes de Galipán, esperaba largo tiempo luego de la caída del ocaso, y ocultado por la oscuridad noche subía los cadáveres al lomo de mula hasta su laboratorio en Buena Vista.

 

Pronto desarrolló una fórmula líquida que al ser inyectada en el sistema circulatorio a través de la yugular, podía preservar los frescos cadáveres de manera casi perfecta sin la necesidad de tener que extraer sus órganos, lo cual era un grandísimo avance ya que esta forma de preservación aventajaba cualquier práctica de embalsamamiento conocida hasta el momento, superando incluso a la del antiguo Egipto. Es entonces cuando comienza la siniestra práctica de exhibir sus momias. Una de ellas fue la del soldado federalista José Pérez, no reclamado, cuyo cuerpo preservado, uniformado y armado con su fusil guardaría la entrada de la casa de Buena Vista para inspirar respeto ante los ocasionales viajeros. Se dice que incluso el amado perro de la familia sería tratado con la fórmula embalsamadora al fallecer, y tambíen sería exhibido en la casa donde seguiría acompañando y protegiendo a la familia.

 

Tiempo pasó y consciente de su inexorable encuentro con su propia muerte y la de su amados, construyó un mausoleo dentro de la misma Hacienda, con seis sarcofagos y seis lapidas de mármol para cada uno de los miembros de su familia, que poco a poco fueron ocupando sus lugares a medida que iban falleciendo. Su hermano Wilhelm Knoche, su hija Anna Knoche, su yerno Heinrich Muller, y Josephine Weissmann ya ocupaban sus sarcófagos en perfecto estado de momificación. Cuando en 1901, previniendo la llegada de su propia muerte antes que la de Amalia Weissmann, Knoche preparó su propia dosis del suero embalsamador.

 

Dejó instrucciones a Amalia para que le administrara la fórmula y colocara su cuerpo momificado a descansar en su sarcófago designado, acompañado de sus familiares. Amalia Weissmann vivió hasta el año 1926, llevándose a la tumba el secreto de la prodigiosa fórmula embalsamadora.

 

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A black and beige hand drawn illustration of a man holding a beaker in one hand and a syringe on the other one. Two corpses lay on their stretchers